La Justicia, sus tiempos y la gente

12.07.2011 | El sistema judicial argentino no pasa por su mejor momento. Jueces que debieran ser removidos, vacantes que no se cubren o ni siquiera se crean,  necesidades edilicias e informáticas, pérdida de recursos humanos valiosos y hasta desobediencia a ciertas decisiones judiciales son algunos de los temas en los que debemos hacer un cambio que nos coloque otra vez entre los países con verdadera seguridad y previsibilidad jurídica.Porque la Argentina tuvo durante décadas un Poder Judicial ejemplar. Hace 150 años Mitre dio el primer ejemplo, designando una Corte con mayoría opositora y su civismo fue clave para el monumental desarrollo argentino de 1860-1920, que fue el mayor del mundo. Hubiera sido imposible  lograrlo sin un Poder Judicial independiente y respetable.

Desde entonces hubo altibajos, pero en general las sucesivas Cortes y tribunales inferiores fueron buenos y hasta muy buenos e hicieron un decisivo aporte a la confianza y seguridad jurídica que mantuvieron a la Argentina entre los países creíbles.

 

A título de ejemplo baste señalar que bastante antes que la Corte norteamericana, fue la nuestra la que a fines de la década de 1950 creó la doctrina de la interpretación dinámica de la Constitución y con ella vinieron los fallos “Siri” y “Kot” y la acción de amparo, quizás el medio más eficaz para la protección de la libertad y de los derechos humanos.


No se trata de lamentarnos por un pasado perdido. Debemos inspirarnos en él, porque todo lo que pudo ser alguna vez, podrá ser de nuevo, si trabajamos bien y en serio.


¿Qué debemos hacer para tener un Poder Judicial en la realidad de 2011, preparado  para el 2030 ?
Ya la Corte Suprema y el Consejo de la Magistratura están llevando a cabo importantes avances y esfuerzos en materia informática y la excelente ley 26.685 permite aún mayores avances.


El Poder Legislativo debe darle a la Justicia autonomía, autarquía y aumento presupuestario, para incrementar cantidad de juzgados, edificios y recursos humanos, que no han crecido como la población y la litigiosidad.
Pero antes de ese objetivo quizás difícil, podemos encarar ya mismo otros aspectos, como por ejemplo  la simplificación de los procedimientos en la que están trabajando el diputado Gustavo Ferrari y la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados de la Nación.


Además de los buenos proyectos en análisis, hasta la vieja pero excelente ley 11.924 de 1934 tiene principios que pueden aprovecharse para el siglo XXI.


Es impensable seguir con procedimientos escritos y burocracias a veces desdibujan la verdad entre el papel y además consumen años para temas que podrían ser resueltos en semanas.

La sociedad moderna ha hecho del tiempo un valor de primer orden y el sistema judicial no puede seguir suponiendo que el tiempo camina, cuando en realidad vuela cada vez más rápido.

Mejoremos el sistema, comenzando con los asuntos de menor complejidad y avanzando prudente y firmemente hacia todos los procedimientos judiciales.


Hagámoslo de una vez, porque sí se puede.

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